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Ser sujetos seductores y amantes, además de emancipados y
libres en un nuevo régimen de igualdades, no es una condición obvia o natural
sino un paso que requiere elaboración en coherencia con las adquisiciones de
las nuevas sensibilidades. Afirmar una cultura de los sexos con un nuevo ars
amandi no puede ocultar antiguos restos pero puede ser importante abrir futuro
sobre la base de los logros ya adquiridos.
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Sobre algunos de esos restos señalaremos en este capítulo
final algunos de estos logros que podrán consolidarse, si se mira más el
futuro desde el marco del Hecho de los sexos. Por ejemplo, el nuevo ciclo ya
abierto que va más allá de la monotemática hipótesis opresiva masculina. O
la nueva idea de poder entre los sexos, frente a la anterior. Al menos estos
indicadores marcan un horizonte distinto no sólo como empresa emocional
conjunta sino como nuevo proyecto de amatoria razonable.
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Pensar desde los sexos.Pensar desde el marco de los sexos
equivale a priorizar éstos por encima de los miedos sobre lo que deben o no
deben ser los hombres y mujeres según anteriores normativas machistas, es
cierto, pero también -y esto puede que no parezca tan obvio- feministas. El
machismo, en sus múltiples variedades, fue una excrecencia frente a la que el
feminismo ha sido una necesidad. Pero convendría no instalarse o no convertir
lo que son ciclos de paso en instalaciones permanentes. Ver el carácter
histórico de los fenómenos ayuda a comprender el ritmo de estos cambios. Y que
una misoginia no se compensa con una misoandria.Una gran parte del pensamiento
feminista se ha abierto ya a nuevos pasos como lo han señalado algunas
teóricas del mismo. "Ya no podemos continuar el plan de una emancipación
definitiva de los hombres o de las mujeres como si pretendiéramos una
resolución definitiva de los conflictos entre ambos -escribe Sylviane
Agasinski- . En este sentido nosotras hemos abandonado ese feminismo de la
liberación, si bien hemos podido salir de él porque hemos ganado en lo
esencial, al menos en la civilización occidental, desde que las mujeres tomaron
conciencia de que eran responsables de su destino y que tenían que decidirlo y
cumplirlo". Desde fuera, Victoria Camps no ha dudado en invitar al
feminismo incluso a "renunciar a su misma denominación de origen" .
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Si
las políticas de igualdad de oportunidades o de discriminación positiva han
sido necesarias, y sin duda continuarán siéndolo, es necesario distinguir
entre lo que son tales y lo que puede ser el mantenimiento de un proteccionismo
de marginación a quienes ni lo son ni pueden seguir en la inercia de su
instalación por más datos que queden aún pendientes. Sería un error
considerar la marginación como un privilegio del que aprovecharse abusando del
victimismo y la "cultura de la queja" para fomentar ambos y
perpetuarlos.
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Del mismo modo que es importante que haya núcleos cuya función
testimonial permita no olvidar la memoria histórica y celebrar sus avances lo
mismo que perviven células mantenedoras del fuego de la gratitud a propósito
de grandes gestas sin las cuales no podríamos disfrutar hoy de sus
consecuencias, también es importante que éstos no se conviertan en
bloqueadores nostálgicos de la evolución.
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La historia no puede detenerse como
una foto fija ni siquiera aunque sigan quedando "capítulos
pendientes", incluso aunque estos capítulos sean de hecho importantes. La
historia sigue, y no necesariamente en línea recta. Haber dado, pues, el paso de
la Cuestión de las mujeres a la Cuestión de los sexos, supone, si bien con
retraso, un salto cualitativo que ofrece un nuevo reto no sólo para el
beneficio de la causa de las mujeres sino, sobre todo, para el de los sexos y,
por repercusión -si esto puede expresarse así-, mayor aún también para las
mujeres.
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Pensar desde el marco de los sexos, como corresponde al nuevo paradigma
y a la Época Moderna, significa continuar la construcción de una historia de
reciprocidades, muy distinta a la otra más pendiente de históricos lamentos.
Si esta historia de reciprocidades no fue posible antes, hoy ya lo es.
El final de la hipótesis opresiva
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La hipótesis represiva de Foucault, nacida, como se
recordará, del obsesivo afán de explicar todos los males por la represión
sexual, nos hace pensar por lo que se refiere a la Cuestión de las mujeres, en
la que ha sido su homónima, la hipótesis opresiva y que, como aquélla,
terminó por constituirse en un lugar común explicativo de todo.
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Podríamos
volver a las mismas palabras de Foucault y aplicarlas a esta situación de las
mujeres para concluir que no se trata de negar la histórica opresión
masculina. Se trata de dar un paso más y de analizar por qué se ha seguido
tanto recurriendo a la opresión y con tanta insistencia, con tanto rencor y de
forma tan monotemática y obsesiva."(Nos han reprimido tanto!" era la
expresión que dio origen a la hipótesis represiva. "(Nos han oprimido
tanto!" podría ser la homónima de la hipótesis opresiva.
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Y lo mismo que
salir de aquella lamentación repetitiva abrió nuevas vías de explicación y
comprensión de los fenómenos, salir de ésta ha ofrecido ya también nuevos
pasos en el conocimiento de otros hechos y su historia, así como nuevas vías
de diálogo entre los sexos.
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La hipótesis opresiva, como se recordará, se
inició con el feminismo del final de la década de los años sesenta y el
comienzo de los setenta del siglo XX -"la insurrección contra el
patriarcado", recuérdese-. Desde entonces han pasado muchas cosas. Los
Women Studies han ilustrado todas las miserias masculinas en la historia y en la
actualidad. Se podrán decir más alto pero no más. También se podrá decir
que hace falta recordarlas más y más, en más sitios, en titulares aún más
grandes. Por si esto no fuera suficiente, los Men Studies, que han surgido tras
los anteriores, ilustran con sus propios trazos las atrocidades enumeradas con
su propia voz. Es la crítica y el descuartizamiento de ese hombre patriarcal.
Es su pulverización. También puede añadirse que no es suficiente, que hace
falta ir aún a más. A su aniquilamiento. Hasta igualar lo que fue hecho con el
otro sexo.
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Muy al principio de este ensayo habíamos opuesto el Psicoanálisis y
la Sexología a través de sus dos máximos representantes: Freud y Ellis. Freud
estuvo, decíamos, muy atento a la represión y sobre ella basó el edificio de
su pensamiento. Ello ha permitido a Freud ser un autor imprescindible durante el
siglo XX, si bien las críticas no han cesado. Ser el que más ha influido, se
recordará, no quiere decir el que más ha aportado.
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Es ya tiempo de cambios. Y
estos cambios ya se han producido. Más acá de la obsesión victimaria y de la
hipótesis opresiva se encuentra la tesis sexuante, como más acá de la
historia recibida está la historia que se hace. Los grandes titulares siguen
aún prolongando -y explotando- la hipótesis opresiva, pero la letra pequeña
nos dice que la tesis sexuante ha ofrecido un gran avance en inteligibilidad y
recursos.
Un último apunte sobre el poder
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Muchos problemas sexuales, así llamados, y sobre los que la sensibilidad se ha
hecho cada vez más viva, han podido verse creados o multiplicados, y sobre todo
mantenidos, por una todavía persistente cultura del sexo y del locus genitalis,
combinada con su paralela cultura del poder frente a un creciente y nuevo ars
amandi.
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Elijamos, por ejemplo, el caso de la impotencia sexual y de algunos de
sus rasgos indicadores, tal como se dan en los encuentros: él se queja de no
poder ereccionar y hace intentos y esfuerzos que son vanos. Ella, a su vez, se
queja de no poder hacer nada puesto que lo considera "problema de él"
con lo que termina por adoptar el papel de pasiva resignada, si sigue el
estereotipo de modelos anteriores -recuérdese: poder masculino- o de rebeldía
y subversión, según la misma noción si bien retroversiva.
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El círculo se cierra. Las fórmulas emanadas de modelos anteriores según las cuales se trataba
de buscar de quién era la culpa o la causa -de quién era el fallo de poder-
siguen produciendo aún, si no resignaciones, sí huidas hacia adelante frente
al no poder o no lograr poder resolver esas dificultades cada uno por su lado.
Esto puede verse aún más claro cuando pensamos en otro de los grandes
problemas, convertido en verdadero buque insignia y magnificado desde esa misma
noción bajo la denominación de eyaculación precoz. También puede pensarse en
otras dificultades más discretas o banales -menos espectaculares- que hacen
cada vez más inviable la vida de los amantes.
Del nuevo poder de los amantes
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Situados ya en el nuevo paradigma lo que se observa es que
esa autosuficiencia herida de uno de los sexos, todavía mantenida por
anteriores modelos, se convierte en interdependencia vivida dentro del marco de
los pactos y consensos como materia de proyectos compartibles. Los nuevos
recursos, como los conceptos, están para servirse de ellos.
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El hecho de seguir
centrando la causa de esos problemas sexuales en el poder de uno u otro sexo por
separado -en uno contra otro, toque a quien toque , según el turno o ciclo- y
no en la interacción de ambos, muestra hasta qué punto se sigue aún viviendo
de los restos y vestigios de esos modelos anteriores más o menos reciclados.
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La
autosuficiencia -o su nostalgia- es signo inequívoco de esa cultura de poder.
La parte abatible parece hoy tocarle al hombre, es decir, al masculino,
detentador fantasmatizado de ese poder. El otro sexo parece, simétricamente,
ser vencedor contra el poder abatido. Cultura del poder, en suma, si bien a la
inversa o vivida desde el otro lado que a su vez toma el poder, ese poder, el
mismo poder.
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En todos los llamados problemas sexuales se plantean hoy, bien a las
claras, esas dos culturas en pugna; y en el proceso de sus resoluciones -por
ejemplo en el curso de la Sex therapy- puede constatarse el cambio a la otra
clave.
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Llamar por su nombre a esta nueva clave sigue resultando difícil de
entender precisamente por la confusión heredada de esa cultura del sexo emanada
de la cultura del poder. Pero es preciso, una vez más, llamarla por su nombre y
resaltarlo. Se trata, como ya quedó anotado, del reconocimiento
"insight" de la mutua vulnerabilidad de los sexos como tales sexos. Su
descubrimiento ha supuesto la entrada en una nueva mentalidad. Ha representado,
como se recordará, un paso cualitativamente nuevo, en el marco del nuevo
paradigma y en la línea de la más genuina aportación de las nociones
-recuérdese- de interacción y sinergia.
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Los procesos a través de los cuales
se operativizan estos cambios resultan en ocasiones laboriosos pero los
resultados son notorios. Han sido efectos del recurso a la Sex therapy como
terapia de los sexos y no del sexo. Pero también, y esto es lo más innovador
por ser de mayor repercusión, el efecto de una educación sexual como
educación de los sexos en una nueva cultura de los sexos.
¿Nuevas reacciones?
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Un indicador, por insistir en los mismos problemas sexuales, puede
ser el descenso de presencia de la frigidez -hasta su mismo nombre se ha
borrado- en el imaginario colectivo y, en su lugar, el ascenso de la impotencia
y la eyaculación precoz que en otros tiempos fueron la misma cosa.
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Nadie podrá
discutir las bases objetivas de tales datos, nómbrense como se nombren en la
terminología diagnóstica o estadística. El cambio del objeto de interés es
la nueva representación del poder femenino frente a un hombre ya fragilizado y
la correspondiente perplejidad ante la pregunta sobre qué hacer con dicho
vuelco que necesariamente ha sucedido en clave de poder, es decir en la misma
clave premoderna, o sea, anterior al planteamiento de los sexos. ¿Puede dar la
impresión de novedad lo que no es sino expresión nueva de un arraigado
contencioso viejo, resuelto por la misma vía antigua y previa a otros hechos
nuevos?.
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En su libro El nuevo sexo débil , Enrique Gil Calvo ha
articulado una respuesta sintomática de esa vía por la parte masculina. Como
sociólogo, atento a este fenómeno, ya había denunciado la situación nueva
del otro sexo, hoy fuerte, en su otra obra La mujer cuarteada precisamente por
su desgaste en esa -¿inútil?- lucha de poder. La gravedad de este último
diagnóstico consiste en ofrecer un retrato perfecto de la nueva reacción de
los hombres frente a los ataques de las mujeres, recurriendo a anteriores
estrategias, también -"y siempre"- de poder.
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El pronóstico no ha
podido ser más claro: "Sólo hay algo que parece seguro -escribe- y es que
la ambición masculina por cargar la suerte y apurar las jugadas seguirá
prevaleciendo"(p. 201).El mérito de este autor, entre otros, podría
cifrarse en articular y expresar esa declaración que un sector masculino ha
mantenido en silencio por inercia o miedo mientras presenciaba cómo el poder
del antiguo sexo débil ha ido creciendo hasta pasar de segundo sexo a primero y
convertir el sexo fuerte antiguo en nuevo sexo débil.
El siglo de los sexos
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La lucha entre los dos grandes colosos que han protagonizado
los dos últimos siglos -el locus genitalis y el paradigma sexual- sigue y
seguirá por mucho tiempo, si bien el mayor conocimiento de esa lucha, como
sucede en toda guerra, es decir en toda situación sin alternativas, ayuda a
decidir sobre de qué lado situarse.
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Pero las cosas cambian cuando hay
alternativas. No es, pues, ya exactamente la inabordable, por eterna e
interminable, guerra de los sexos. No es la guerra de los sexos de siempre y por
naturaleza, sino la lucha definida y clara de un paradigma histórico contra
otro paradigma histórico.
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Y, en esa lucha, los sexos, los dos, uno y otro,
están ya del lado del paradigma sexual. Se encuentran en esta orilla. El paso
ya ha sido dado. Situados, pues, en esta orilla de la historia, la construcción
de lo que se ha llamado una "empresa emocional conjunta" de los sexos
puede dar la impresión de rechinar por todos los lados. Pero será necesario no
mirar sólo a los grandes titulares sino también a la letra pequeña.
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Si esa
"empresa emocional conjunta", que constituyen ya los sexos, profundiza
en su "proyecto de amatoria razonable" -recuérdese la fórmula-, la
consolidación del nuevo paradigma seguirá ofreciendo más inteligibilidad y,
por lo tanto, más riqueza de recursos.
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El futuro cercano se jugará en la
construcción de más reciprocidades que reelaboren las nuevas adquisiciones de
las mujeres en relación con los hombres y viceversa. Si el siglo XX ha sido
llamado el siglo de las mujeres, el XXI podrá ser, ya a todas luces, el siglo
de los sexos.
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Será importante no olvidar la inevitable prevención contra la
ilusión de idílicos abrazos, así como los hechos que se encargan a diario de
restar en esta suma. Tampoco se trata de jugar a la ingenuidad del
optimismo/pesimismo. Se trata, una vez más, de no leer sólo los grandes
titulares sino de estar también atentos a la letra pequeña.
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Una autora tan dura y realista
como Françoise Héritier enuncia su diagnóstico antropológico sobre el
progreso moderno en torno al Masculino/Femenino con un escéptico sí pero no
que, ante la evidencia de los nuevos datos, no duda en cambiar por un reconocido
no pero sí . En efecto, haber dado el paso y estar ya en esta orilla hará más
fácil que las cosas impensables desde la otra resulten razonables y, por lo
tanto, viables desde ésta.
Tomado de "Teoría de los sexos", cap-25, Revista
Española de Sexología , nº 95-96, Madrid 1999.
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